Mendoza-Álvarez o la redención de la Comunidad Escatológica

Hay que aceptar que “el fin de los tiempos es ahora”, así, sin reservas, para entrar de lleno a Deus Ineffabilis de Carlos Mendoza.

Porque él sabe que el sistema mundial está agotado y el primer “problema a resolver es la banalización del mal que permea todas las sociedades de la aldea global”. Entonces, asumido el apocalipsis presente, hablemos de escatología para construir de las cenizas.

Deus Ineffabilis establece el punto de ruptura en el concepto de “víctimas sistémicas”, personas y comunidades que atraviesan procesos de exclusión, que se vuelven invisibles a ojos de las sociedades democráticas liberales de la modernidad tardía; léase los desplazados y desfavorecidos por occidente, hoy.

La “comunidad escatológica” como mesías, como semilla de esperanza. Esta comunidad -formada por las víctimas sistémicas (de violencia, pobreza, desigualdad, discriminación, exilio, agregue su causa que el verdugo es el mismo)- es protagonista de un cambio en el mundo, pues ha abandonado el deseo de venganza o revolución a cambio del mero reconocimiento de su victimario como tal.

Cuando la víctima sistémica decide seguir un camino de difícil amor de gratuidad, asumiéndolo como no recíproco y asimétrico, suena un murmullo piadoso que no viene “para tranquilizarnos como droga enervante, sino para acicatear la imaginación escatológica que vislumbra la esperanza en medio de los escombros de la modernidad”.

Mendoza-Álvarez propone el fundamento para una evolución en la sociedad; en tiempos de futuro incierto como los que corren, no es poca cosa. Vale el tiempo leer con detenimiento su lenguaje preciso, lleno de conceptos, pero claro y redondo como propuesta.

Un discurso tan plantado en la actualidad sin que esto lo vuelva líquido ni efímero, merece el esfuerzo de discutirlo y esquematizarlo política y económicamente, tiene potencial para renovar o rediseñar un sistema a todas sombras agotado.

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Carlos Mendoza-Álvarez considera como influencias de su pensamiento: “la conciencia del devenir incierto y conflictivo de la historia (Heidegger, de Certeau y Dussel), la fenomenología del deseo (Levinas y Ricoeur), la antropología de la violencia (Girard) y la inevitable deconstrucción de los sistemas de representación totalitaria (Benjamin, Arendt, Foucault, Derrida y Nancy)”.

También es fraile dominicano mexicano. Doctor en Teología, con habilitación en Teología Fundamental, por la Facultad de Teología de la Universidad de Friburgo en Suiza. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México, Académico de tiempo completo de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y profesor invitado en diversas universidades de Estados Unidos, Brasil y México.

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