Carambola

  • Formato de 35 mm
  • Cineteatro Rosalío Solano
  • Domingo 10
  • Entrada libre

Como elemento cinematográfico, sumado a la exposición “Happy City”, de Kurt Hollander, instalada en el Museo de la Ciudad, será proyectada la cinta “Carambola”,  del mismo autor, en formato de 35 mm, en el Cineteatro Rosalío Solano, el domingo 10 de febrero en horarios tradicionales de una, cuatro, seis y media, y nueve de la noche. El Directo, Hollander, conversará con el público asistente al finalizar la función de las seis y media. Entrada libre.

“Carambola” es una historia jugada a tres bandas por un director novel que pretende que sus personajes sean piezas que tracen sobre el tapete de la pantalla un dibujo de brillante geometría. El protagonista del relato es “El Vago” (Daniel Martínez), un jugador de carambola que acaba de ganarle a un matón llamado “El mexicano” (Jesús Ochoa) una sala de billares, de la que se convertirá en gerente un chico listo al que le dicen “El Perro” (Diego Luna), Éste último tiene grandes ideas para la sala: agujerear las mesas de carambola y convertirlas en mesas de pool. Para que el negocio funcione de veras lo nuevo ha de sustituir a lo viejo.

Mónica Gozalbo comenta la cinta: “El autor de la película es el joven neoyorkino Kurt Hollander, que, como buen debutante en esto de la luz mezclada con historias, asume en el proceso creativo más de una función: no sólo es el guionista , sino también es el director y el productor de la cinta, y durante el rodaje realiza funciones auxiliares en la toma de imágenes de viseo y foto fija. Se trata pues de un proyecto personal, con equipo artístico íntegramente mexicano, y que suma a la lista de anécdotas que ya de por sí acumulan las producciones cinematográficas, dos curiosidades relativas al tiempo yal espacio.

Por un lado, el espacio que contiene y define la historia es único: esa amplia sala de billares donde se desarrolla la acción, perteneció en la vida real a Hollander. Por otro lado, el lapso que transcurre entre rodaje y estreno de la película es demasiado largo, tanto que incluso uno de los actores, Roberto Cobo, falleció sin ver la película estrenada. Por problemas de distribución, la cinta ya terminada en 2003, tardó años en estrenarse en Latinoamérica, y para que llegase a España se tuvo que esperar todavía más: ha sido en 2006 cuando la copia ha llegado por fin a las pantallas de los festivales. Estos dos ejemplos ilustran la consabida falta de libertad y las limitaciones de los cineastas (sobre todo los que trabajan con bajos presupuestos) al enfrentarse a su vehículo de expresión; para llevar a cabo sus ideas requieren en ocasiones un esfuerzo y un tiempo de arquitectura”

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