El ocaso de los Dioses

  • Ópera en blu-ray
  • Seis de la tarde, en el Cineteatro Rosalío Solano
  • 28 de enero

De la producción del “Metropolitan House Opera”, con James Levine como Director concertador y Robert Lepage como Director de escena, verán ustedes este lunes 28 de enero la realización en blu-ray de “El ocaso de los Dioses”, parte final de la tetralogía “El anillo del Nibelungo” de Richard Wagner. La función se llevará a cabo desde las seis de la tarde en el Cineteatro Rosalío Solano, con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y del programador Manuel Oropeza. La duración aproximada de esta ópera es de cinco horas. Entrada libre.

Palacio de los guibichungos, bosques, montañas y el Rin, tiempos míticos.

Prólogo

Noche cerrada. Las tres Nornas tejen la cuerda del destino y hablan del pasado, del presente y del futuro, en el principio eran el fresno del mundo y la fuente de la sabiduría. Wotan, un joven dios, bebió de la fuente y arranco una rama del fresno. A cambio debió ceder uno de sus ojos y con la rama se hizo el asta de la lanza con la que domina el mundo. Perdió su vigor el árbol y secose la fuente. Cuando, mucho tiempo después, se quebró la lanza, Wotan ordenó cortar el tronco del fresno, y sus trozos están ahora apilados en el Walhalla. Las Noras anuncian que Loge abrasará un día a los dioses. Al hablar de Alberich y su odio sienten enmarañada la cuerda, tiran fuertemente de ella y se rompe. Las Nornas desaparecen.

Amanece en las rocas de las Valquirias. Siegfried, completamente armado, se despide de Brünnhilde. Ésta le ha entregado las runas sagradas. En prueba de amor, Siegfried le ofrece el anillo. Así continuarán unidos aunque él parta lejos a nuevas hazañas, la Valquiria le confía su corcel, Grane, a Siegfried, y éste desciende hacia el Rin.

Primer acto

La gran sala de los guibichungos. Gunther y su hermana Gutrune anhelan fastos y gloria. Su hermanastro, Hagen, pálido y sombrío, les hace ver que les conviene casarse, y les habla de Brünnhilde y de Siegfried, aunque sin descubrir la relación que existe entre éstos. Como Siegfried es el único hombre que puede atravesar el fuego que cubre a la valquiria, Hagen piensa que si aquél se enamora de Gutrune, no le importará traer la valquiria a Gunther. Llega Siegfried por el río. Gunther le acoge hospitalariamente. Hagen descubre que el anillo ha quedado en poder la valquiria, y hace que Gutrune ofrezca a Siegfried una bebida con una droga que le hace olvidar a Brünnhilde. El joven se enamora de Gutrune y pide su mano. También se ofrece a traer a Brünnhilde, a la que engañará haciéndose pasar por Gunther gracias al yelmo mágico. Ambos guerreros pactan hermandad de sangre, en la que no participa Hagen. Marchan los conjurados y Hagen permanece en vela. En sombrío monólogo descubre que es el hijo de Alberich y que vigila para apoderarse del anillo.

De nuevo en la roca de las valquirias. Brünnhilde escucha aproximarse un corcel volador, es el de su hermana Waltraute, quien llega muy agitada. Le informa de que  Wotan ha ordenado apilar los pedazos del fresno del mundo y que permanece en su elevado sitial del Walhalla, en silencio, rodeado por los dioses, las valquirias y los héroes, consternados. Ya no prueba las manzanas de Freia. Waltraute ha oído de labios de Wotan, en un susurro, que aún habría salvación para el Walhalla si el anillo fuera devuelto a las hijas del Rin. Pero en vano implora Waltraute. Brünnhilde no está dispuesta a desprenderse de esta prueba del amor de Siegfried, aunque perezcan los dioses. Waltraute parte desesperada.

Se aviva el fuego. Se oye el cuerno de Siegfred y Brünnhilde sale al encuentro de su amado. Al verse en presencia de un extraño, sufre una fuerte impresión. Con voz velada, Siegfried dice que es Gunther y que hará  suya a la valquiria. Ésta prorrumpe en acusaciones contra Wotan, pero confía en la fuerza del anillo. El extraño se lo arrebata y Brünnhilde se encamina abatida a su aposento y Siegfried jura sobre la espada que respetará a la novia de su hermano de sangre.

Segundo acto

Hagen vela en la noche ante el castillo de los guibichungos. Alberich llega hasta su hijo para recuperar el anillo. Hagen, sombrío, tranquiliza a su padre sobre su dedicación a este objetivo. Amanece y llega Siegfried por el aire procedente de la roca de las valquirias gracias a la magia del yelmo. Explica que se ha apoderado de Brünnhilde y que ésta le sigue por el Rin con Gunther, quien ha ocupado el lugar de Siegfried. Gutrune recibe al héroe y se muestra celosa ante la relación que hayan podido tener Siegfried y Brünnhilde durante la noche que han permanecido juntos. Siegfried la tranquiliza y parte con ella  para disponer los preparativos de las bodas. Hagen convoca a los guibichungos, que acuden armados. Las palabras de Hagen son sinuosas. Los guerreros reciben pomposamente a Gunther y a la valquiria. Cuando entra la pareja formada por Gutrune y Siegfried, Brünnhilde se subleva. Pregunta a Gunther por qué Siegfried luce el anillo –que según las apariencias- le había sido arrebatado por el guibichungo. Acusa a Siegfried de ser su amante.  Gunther y Gutrune se sienten avergonzados. Siegfried rechaza la acusación jurando sobre la lanza de Hagen. Brünnhilde insiste en su queja y pide que la lanza atraviese al que considera perjuro ante la general consternación. Siegfried se retira con Gutrune. Entonces Hagen cierra sus redes en torno a la despechada valquiria y el abochornado guibichungo y traza con ellos un plan para asesinar al Welsungo tras los esponsales: la lanza de Hagen lo atravesará por la espalda durante una cacería. Regresan Siegfried y Gutrune, y las dos parejas se aprestan para las bodas.

Tercer acto

Márgenes del Rin. Las ondinas cantan la añoranza del luminoso e inocente oro que les fue arrebatado. Se ocultan ante la llegada de un cazador, que aún no ha conseguido pieza alguna. Es Siegfried. Las ondinas vuelven a la superficie de las aguas y reclaman el anillo. Siegried se muestra divertido e inconsciente. ¿Para qué quieren la sortija? Las ondinas se tornan ahora agoreras: el anillo trae desgracia a quien lo posee. Siegfried se burla de las advertencias y declara que para él no significa nada perder la vida. Se alejan nadándolas hijas del Rin. Resuenan los cuernos de caza y llega Gunther, Hagen y los gibichungos, con el botín de la cacería. Gunther permanece sombrío y apartado. Hagen incita a Siegfried a contar la historia de su vida. El joven relata su infancia y adolescencia transcurridos en la cueva de Mime; sus anhelos de compañía, la forja de la espada, el combate con Fafner, la muerte de Mime, las voces y advertencias del pajarillo… En este instante Hagen le alarga un cuerno con otra bebida que contiene un antídoto contra el filtro del olvido que el muchacho había probado al llegar a los dominios de los guibichungos. Siegfried recuerda ahora la travesía del fuego, el descubrimiento de la mujer dormida, el beso… Pronuncia el nombre de Brünnhilde… En ese instante, Siegfried se vuelve para contemplar e vuelo de dos cuervos, y Hagen e ensarta con su lanza por la espalda, aunque Gunther intenta evitarlo. Hagen se aleja altivo. El moribundo dedica a Brünnhilde sus últimas palabras. Oscuridad. Marcha fúnebre. Cambio a sala de los guibichungos.

Gutrune está desvelada e inquieta. Comprueba que Brünnhilde ha abandonado sus aposentos. Ante la llegada del siniestro Hagen, que anuncia el regreso de Siegfried, muerto, se aterroriza. Gutrune estalla en acusaciones contra su hermano. Gunther acusa a su vez a Hagen. Éste reconoce ferozmente su responsabilidad y reclama el anillo. Gunther se opone, y cae abatido por Hagen. Pero cuando el bastardo se precipita para hacerlo suyo, se alza el brazo de Siegfried y Hagen retrocede espantado. Entra majestuosamente Brünnhilde, dispuesta para la ceremonia de expiación. Aplaca las voces. Desprecia como concubina a Gutrune, que se aparta del cadáver de Siegfried. Ordena que se levante una pira junto al Rin y que sobre ella se coloque el cuerpo del héroe. Su monólogo es, en realidad, un diálogo con Wotan. La monstruosa –e inconsciente- traición de Siegfried es prueba del final envilecimiento del orden de Wotan. Toma el anillo y lo ofrece a las hijas del Rin. Luego prende fuego a la pira y, a lomos de Grane, se arroja entre las llamas. Estalla el fuego, se desborda el río y, por entre las aguas, las hijas del Rin alcanzan los restos de la pira y recuperan el anillo. Hagen, que intenta impedirlo, es arrastrado a las profundidades. El fuego se extiende al espacio. Se hace visible el Walhalla con los dioses y héroes, tal como lo describió Waltraute. Todos son devorados por las llamas. La tenue luz del amanecer comienza a extenderse por el vacío horizonte.

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