Sigfrido

  • Lunes 21
  • Seis de la tarde
  • Cinetetaro Rosalío Solano

La tercera ópera de la tetralogía “El Anillo del Nibelungo”, de Richard Wagner, titulada “Siegfried”, será proyectada en nítido formato blu-ray, el lunes 21 de enero, a partir de las seis de la tarde. Se trata de la producción del “Metropolitan House Opera”, con James Levine como Director concertador y Robert Lepage como Director de escena. La duración aproximada es de cinco horas.

Todas las funciones se llevan a cabo a las seis de la tarde en el Cineteatro Rosalío Solano, con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y del programador Manuel Oropeza. Entrada libre.

Al interior de una fragua en una cueva del bosque, Mime, el nibelungo se lamenta de que el joven Siegfried rompe todas las espadas que le forja. Llega del bosque el muchacho, arrastrando a un oso que azuza contra el aterrorizado Mime. Devuelto el oso al bosque, Siegfred rompe la última espada que le ha preparado el Nibelungo y ambos discuten. El adolescente siente profunda repugnancia hacia el viejo enano; pese a las protestas de éste, está seguro de que no puede ser su padre: en el bosque y en el río Siegfried ha visto que las crías se asemejan a sus progenitores, y él no se parece a Mime, al que fuerza a revelarle quien fue su madre: Sieglinde, quien un día llegó a la cueva del Nibelungo y falleció al dar a luz a Siegfried. El astuto enano consigue ocultar el nombre del padre y, en prueba de sus afirmaciones, enseña al muchacho la espada rota. Siegfred comprende que aquella arma es la destinada a él, y escapa alegremente al bosque tras ordenar a Mime que vuelva a forjarla, por lo que Mime se desespera. Y sabe que él no es capaz de forjar la espada prodigiosa. Entonces entra a la cueva un majestuoso anciano que viste ropajes azulados, se toca con sombrero de amplias alas y lleva una lanza y pide hospitalidad  a Mime, el cual quiere que se marche. El anciano “el mundo me llama viandante”, apuesta su cabeza contra la de Mime en el “torneo del saber”, por lo que Mime formula 3 preguntas. El viandante contesta: en las entrañas dela tierra habitan los nibelungos; en la superficie vivían los gigantes, de los que sólo queda Fafner, convertido en dragón; en las alturas, más allá de las nubes, viven los dioses: Wotan es su jefe y gobierna al mundo con su lanza. Ahora ha de responder Mime: los welsungos forman la raza a la vez amada y protegida por Wotan, y engendrada por él: Siegfried es el welsungo hijo de Siegmund y Sieglinde; la espada que ha de blandir Siegfred para vencer a Fafner es “Nothung” (Necesaria), la espada que consiguió Siegmund y fue partida por la lanza de Wotan. Pero Mime no tiene respuesta para la tercera respuesta: ¿quien será capaz de soldar los pedazos de Nothung? El Viandante se marcha tras revelar que sólo podrá forjar a Nothung quien no sepa lo que es el miedo, y a merced de ese osado queda la cabeza de Mime, perdida por éste la apuesta.

Vuelve Siegfred. El asustado Mime, que sabe que el muchacho desconoce el miedo intenta descubrírselo. Le habla de Fafner y Siegfred se declara dispuesto a matarlo con su espada. Al comprobar que Mime no la ha reparado, decide forjarla por sí mismo. La reduce a polvo por frotación, la pone en la fragua y luego forja el acero con vigorosos martillazos. Mimé prepara un vigoroso brebaje con un narcótico, que intentará hacer beber a Siegfried cuando éste acabe con Fafner. Siegfred blande a Nothung, y en prueba de su poder parte en dos el yunque de Mime en un solo tajo.

En un claro del bosque ante la cueva de Fafner. Alberich vigila la cueva. Entra el Viandante, y Alberich reconoce en él a Wotan y le increpa, por lo que Wotan declara no tener interés alguno en el tesoro; Siegfried matará a Fafner, y será con Mime con quien tendrá que disputar Alberich. El Dios despierta al dragón: su vozarrón se oye desde el fondo de la cueva. Alberich advierte al dragón que corre peligro y que él le salvará si le devuelve el anillo. Fafner continua durmiendo, los contrincantes se separan, y llegan Siegfried y Mime al amanecer. De nuevo pretende Mime enseñar el miedo al muchacho, pero éste le amenaza. Se retira el Nibelungo y queda solo Siegfried, quien, recostado junto a un manantial, piensa en cómo sería su padre y su madre y le atrae su atención el cantar y brincar de los pajarillos, por lo que corta una caña, la agujera e intenta imitar a las avecillas, pero fracasa y entonces decide tocar las melodías que sabe entonar con el cuerno de palta que le forjó Mime. A la llamada del cuerno aparece el dragón, Siegfred le desafía y, pese a  la desigualdad de fuerzas, Siegfred consigue clavar la espada en el corazón del monstruo, Fafner, moribundo relata su historia y previene al muchacho pero expira antes de poder explicarle porque se llama Siegfried; al retirar la espada, la sangre del dragón moja y abraza los dedos del muchacho. Este los chupa instintivamente y de repente se hace inteligible para él el canto de un pájaro que le advierte entrar a la cueva para hacer suyos el tesoro, el yelmo mágico y el anillo. Entran Mime y Alberich y disputan por la posesión del oro, por lo que  Mime está dispuesto a una transacción, pero Alberich se niega a compartirlo. Regresa Siegfried con el yelmo y con el anillo, que contempla divertido e inocente de su poder. El pajarillo le previene ahora contra Mime, éste se acerca al muchacho, ceremonioso y adulador. Desarrolla la pantomima de Siegfried cansado tras el combate con Fafner y le ofrece el brebaje que ha preparado, pero Siegfried capta el pensamiento oculto de Mime y ve que éste quiere adormecerle y cortarle luego la cabeza. Presa del asco, el muchacho acaba de un golpe con el enano. Luego lleva el cadáver a la cueva y tapona la entrada con el corpachón de Fafner. Vuelve a sentirse solo e interroga al pajarillo. Éste le habla de Brünnhilde, la mujer que duerme rodeada de fuego y que sólo puede ser despertada por quién no conozca el miedo. Siegfried se reconoce como ese muchacho sin miedo y corre jubiloso tras el pajarillo, que le indica el camino con su vuelo.

Es una noche tormentosa. El Viandante invoca a Erda, quien asciende desde las entrañas de la tierra. El Dios quiere conocer su destino, pero Erda no tiene respuesta, Wotan le comunica que está dispuesto a consentir que Siegfried encuentre a Brünnhilde y a aceptar que la valquiria lleve a acabo la acción salvadora del mundo. Desaparece Erda y llega Siegfried. El pajarillo huye al ver a los cuervos de Wotan. Éste contempla, complacido, a su nieto y le pregunta a dónde se dirige. El muchacho se impacienta y el diálogo se endurece. Siegfried provoca la cólera de Wotan, a quien pretende apartar violentamente del camino que conduce a Brünnhilde. Comienza a manifestarse el fuego, el Viandante interpone la lanza, que ya una vez -dice- quebró la espada que blande Siegfried. Éste cree reconocer al enemigo de su padre y de un mandoble parte en dos la lanza. Wotan desaparece. Siegfried atraviesa la barrera de fuego. Cuando éste se reduce, aparece el escenario final de “La Valquiria”. Paz y silencio en la montaña. Siegfried descubre un caballo que duerme y un guerrero también dormido. Le despoja del yelmo y se desparrama la cabellera de Brünnhilde. Retira el escudo y corta la armadura y la cota de malla. El muchacho se asombra al ver la figura femenina y siente nuevas y anhelosas sensaciones e invoca a la madre que nunca conoció. Quiere despertar a la durmiente y, por instinto, la besa en los labios. Despierta la valquiria que saluda gozosa al sol y a la luz y se alegra al conocer que el hombre que tiene ante sí es Siegfried. Éste cree deducir que aquella mujer es su madre, pero Brünnhilde lo desengaña, y entonces el muchacho le declara un abrasador anhelo amoroso. La valquiria recuerda su vida anterior y sufre una honda depresión. Cuándo Siegfried la abraza, lo aparta desesperada. Luego le ruega dulcemente que no la toque, pero la pasión del muchacho vence su resistencia. Ahora es Brünnhilde una ardiente mujer que reniega del Walhalla.

La ilumina la estrella de Siegfried: “¡resplandeciente amor y sonriente muerte!” ambos se abrazan apasionadamente

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