La Valquiria

  • Ópera en blu-ray
  • Seis de la tarde, en el Cineteatro Rosalío Solano

De la producción del “Metropolitan House Opera”, con James Levine como Director concertador y Robert Lepage como Director de escena, verán ustedes este 14 de enero la realización en blu-ray de “Die Walküre”, perteneciente a la tetralogía “El anillo del Nibelungo” de Richard Wagner. Cada lunes de enero se proyecta una ópera de esta obra universal, siendo el 21 de enero fecha para disfrutar de “Sigfrido” y el 28 de “La caída de los dioses”       (Götterdämmerung). Las funciones se llevan a cabo a las seis de la tarde en el Cineteatro Rosalío Solano, con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y del programador Manuel Oropeza. Entrada libre.

La acción se desarrolla en los bosques y las montañas germánicos, en tiempos míticos.

Primer acto

Interior de la cabaña de Hunding, construida en torno a un frondoso fresno. Es de noche y ruge la tormenta. Entra un fugitivo desarmado y desfallecido. Le da de beber Sieglinde, esposa de Hunding, Ambos jóvenes reconocen que son desdichados, y surge entre ellos una corriente de afecto y compasión mutuos. Regresa Hunding, se desposa de sus armas e interroga al extraño, éste relata cómo perdió a su madre, a su hermana gemela, y a su padre, al que llama “Wolfe” (lobo), y cómo ha andado errabundo desde entonces, en pugna con los hombres y a la vez anheloso de su compañía. También revela que en sus andanzas acudió en defensa de una novia forzada y que desde entonces la persiguen los parientes de los hombres que cayeron bajo su lanza. Hunding reconoce en el fugitivo al enemigo que buscaba, pero le ha dado hospitalidad esa noche, y le desafía para combatirle al día siguiente. Retirados los dueños de la casa, el fugitivo expresa que se ha enamorado de la mujer, e invoca a su padre, también llamado Wälse. La mujer que ha dormido a Hunding con un narcótico reaparece y explica que también fue raptada y hubo de desposarse a la fuerza con Hunding. Durante el banquete de bodas entró un anciano tuerto y vestido con ropas azuladas, clavó en el tronco del fresno una espada hasta los gavilanes y desde entonces nadie ha conseguido arrancarla. La joven también manifiesta su esperanza de que el fugitivo sea el destinatario de la espada prodigiosa. Ambos se declaran su amor. La mujer más intuitiva, cree reconocer al hombre y le pregunta quién era su padre, al que antes llamó “Wolfe”, cuando el joven contesta que era Wälse, ella estalla de gozo, y le explica que se llama Sieglinde, y que él es su hermano gemelo, Siegmund. La espada está destinada, en efecto para él. Con enorme decisión, Siegmund arranca el arma y Sieglinde le abre sus brazos, Siegmund proclama: “novia y hermana eres para el hermano… ¡Brote, pues, de nosotros la estirpe de los welsungos!”

Segundo acto

Desfiladero de las montañas, Wotan ordena a Brünnhilde, su valquiria favorita, que huye a Siegmund en el combate con Hunding. Mientras la valquiria parte con esta misión llega Fricka, diosa guardiana del vínculo matrimonial, que viene a exigir el castigo de los adúlteros Sieglinde y Siegmund. En vano Wotan trata de calmarla. Fricka le recrimina sus aventuras: Wotan dejó el Walhalla en busca de Erda, y engendró en ella a las nueve valquirias; después, con el nombre de Wälse, se unió a una mujer mortal y ha procreado los mellizos que han violado las leyes del matrimonio. Por lo tanto Wotan alega que todo esto lo ha hecho para proteger a él y a todos los dioses de la maldición de Alberich: las valquirias conducen a Walhalla a los más aguerridos héroes muertos en combate, que forman así el ejército de Wotan; los welsungos están destinados a recuperar por sí mismos, sin ayuda, el oro del Rin y el anillo que guarda Fafner, tarea que no puede llevar acabo sin Wotan sin faltar de nuevo al orden que él garantiza. Por su parte Fricka le contesta que los welsungos –los dos gemelos- han roto el orden matrimonial y que la espada ha sido entregada realmente por Wotan a Siegmund, por lo que éste no es libre y debe morir. Wotan se siente derrotado y, cuando retorna Brünnhilde, lo encuentra sumido en profunda desolación. Wotan tiene que conseguir el oro y devolverlo a las hijas del Rin, si quiere evitar la catástrofe final de los dioses. Tiene noticias de que Alberich ha engendrado un hijo, cuya misión será recuperar el anillo para el nibelungo. Y ahora Wotan, maniatado por los pactos que ha de salvaguardar y por los acontecimientos, ha de consentir que muera su hijo, Siegmund para preservar la honra de Fricka. Brünnhilde se resiste a acatar la monstruosa orden, que sabe va contra la voluntad íntima del dios. Pero éste parte enfurecido tras amenazar a la valquiria con terrible castigo si le desobedece.

Entran los welsungos, que huyen ante los hombres y los perros de Hunding. Sieglinde, agotada, no puede dar un paso más y pide a su hermano que la abandone. En terrible alucinación ve caer a Siegmund entre las fauces de los perros. Por fin se sume en profundo sueño que Siegmund vela dulcemente. Aparece Brünnhilde, que le anuncia su próxima muerte. Siegmund se niega a gozar de las delicias del Walhalla si en él no va a estar Sieglinde. Además confía en su invencible espada. Cuando Brünnhilde le demuestra que todo esta perdido para él y le dice que ella se hará cargo de Sieglinde, que ha quedado embarazada, Siegmud se dispone a matar a Sieglinde. Conmovida por tanto dolor y abnegación, Brünnhilde, resuelve cambiar la suerte decidida del combate. Al llegar Hunding, Siegmund le sale al encuentro y Sieglinde intenta separarlos. Pero entre las nubes Brünnhilde extiende su escudo para proteger al welsungo, pero de repente se hace visible Wotan, quien interpone su lanza y la espada de Siegmund se rompe contra ella en dos pedazos. Hunding atraviesa al joven. Sieglande cae desmayada con un terrible grito. Brünnhilde la pone a salvo y parte con ella a caballo. Wotan ordena a Hiunding que comunique a Fricka que ha sido vengada, y lo mata con un gesto. Después se lanza en persecución de la valquiria.

Tercer acto

La roca de las valquirias. Todas cabalgan hacia ella para reunirse antes de regresar al Walhalla con los cadáveres de los héroes que han recogido en los campos de batalla. La última es Brünnhilde, la cual no trae el cuerpo de un hombre, sino el de una mujer desmayada. Las Valquirias oyen con espanto que a su hermana la persigue Wotan, pero ninguna quiere ayudarla a prolongar su huida. Sieglinde recupera el conocimiento y declara que, muerto Siegmund, ella tampoco quiere vivir, pero al revelarle a Brünnhilde que lleva en su seno la simiente del welsungo, Sieglinde pide protección. Las valquirias señalan que hacia levante se extiende una selva donde Fafner, convertido en dragón, guarda el tesoro de los nibelungos; Wotan evita aquel paraje. Hacia allí parte Sieglinde con los pedazos de la espada. Brünnhilde le vaticina que algún día su hijo volverá a balndirla, y que ese hijo se llamará Siegfried (Paz victoriosa).

Alcanza la roca el furioso Wotan, y las valquirias forman parapeto ante su hermana. Wotan profiere su acusación y Brünnhilde se adelanta para recibir el castigo. Nunca más será valquiria; nunca más combatirá junto a Wotan ni será su confidente: degradada a mujer mortal perderá su virginidad y un hombre será su dueño. En vano imploran las valquirias, y Wotan las amenaza con hacerles correr con la misma suerte, y todas escapan rápidamente. Anochece, y hay calma tras la tormenta. Brünnhilde explica a Wotan la compasión que ha sentido por los welsungos y le dice que, al desobedecerle ha cumplido la auténtica voluntad del dios. Éste insiste en su decisión: la valquiria quedará dormida y la tomará como mujer el hombre que la despierte. Brünnhilde se revela, ella no puede pertenecer a un cobarde. Arrebatada pide a su padre que el fuego rodee su lecho, para que sólo pueda llegar hasta ella un héroe libre y sin miedo. Vencido y hondamente conmovido, Wotan se despide de su amada hija: la desposará un hombre más libre que el propio dios. Besa largamente los ojos de la muchacha, y la tiende, dormida, bajo un abeto. Cierra el yelmo de la durmiente y la cubre con su escudo. Después invoca a Loge, dios del fuego. Las llamas invaden el escenario y rodean la roca. Entonces Wotan exclama: “jamás atraviese el fuego quien tema la punta de mi lanza”, y abandona el ardiente paraje volviendo varias veces hacia su hija la doliente mirada.

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