Humo y espejos

“Humo y espejos”

  • Museo de la Ciudad

 

El Instituto Queretano de la Cultura y las Artes y la Embajada de Suecia en México, presentan en el Museo de la Ciudad la exposición “Humo y espejos” de las creadoras visuales suecas Anna Bjerger, pintora y Jenny Källman, fotógrafa. La muestra será inaugurada el viernes 27 de mayo a las ocho de la noche en el ex convento de Capuchinas.

Malin Wahlberg, Investigador y maestro del Departamento de Estudios Cinematográficos de la Universidad de Estocolmo, habla de la obra de la fotógrafa: “La obra de Jenny Källman ejemplifica la fotografía más allá del realismo implícito y la irrevocable conjugación en pasado de la imagen impresa. El elemento de oportunidad y el reclamo de verdad, que con frecuencia se adscriben a la inscripción fotográfica, son cancelados en estas imágenes, cuya puesta en escena y eventos sugeridos invocan la pictorialidad de la abstracción fotográfica y el despliegue del espacio-tiempo de la narrativa fílmica. Muchachas jóvenes son retratadas solas o en pequeños grupos. Tienden a mirar hacia algo más allá del marco de la imagen, y parecen ser capturadas en un momento donde algo está a punto de pasar. El momento sugerido de “aún no” se agrega al encuadre dramático de las muchachas, quienes a menudo parecen mezclarse con el ambiente circundante o fundirse con dramáticas sombras. Estas imágenes pudieran ser escenas vueltas a representar de un film, o recolecciones de diferentes películas. Una historia está implicada y también lo está el tiempo narrativo, aunque el orden de los eventos y su significado tienen que ser imaginados por el espectador.

A pesar de la ausencia de acción y el motivo evasivo, la serie de imágenes se lee también como una foto-novela referida a un particular grupo de temas. “Ficción documental” sería también una etiqueta que convendría al trabajo de Källman: Juegos secretos, lugares escondidos y gestos auténticos. Las imágenes atraen la atención hacia la vida cotidiana de jóvenes adolescentes y la complejidad de la vida social. En estas imágenes la alegría de la amistad y las experiencias compartidas, más allá del reino del control paterno, se encuentran con el dolor y el sentido más profundo de la soledad. Consideradas separadamente como variaciones de un tema, o como imágenes fijas de un film imaginario, el drama presentado en estas imágenes toca fuertes sentimientos de unión y aislamiento; sentimientos que se vuelven tan tangibles en la vuelta a representar de Källman de la vida social y sus juegos secretos.”

Karin Faxén, a su vez, desarrolla su opinión sobre la pintora: “El punto de partida de las pinturas de Anna Bjerger es encontrar fotografías anónimas. Las personas que pueblan sus imágenes comparten algo indefinible. Quizás el hecho de que alguna vez fueron representadas por una cámara, que su solo propósito es llenar un espacio pictórico, encajar en un entorno. Quizá porque no son nada por sí mismas, pero siempre parecen estar conscientes de la cámara.

Una medida de expectación es notable, y no sólo en las poses de las figuras o sus expresiones faciales. Aparece también en la manera en que son pintadas: en la pincelada precipitada, en la técnica de boceto. Como si ellas, hasta cierto punto, tarde o temprano, fueran a ser invitadas a una fiesta de jardín en un libro de la Era del Jazz, por ejemplo.

Ellas tienen que ser extrañas. Posiblemente turistas. Si no aparecen en magníficos escenarios naturales que quitan el aliento, están en un cuarto, cerca de un objeto. O algo similar. Ellas fuman. Caminan. Son capturadas en una luz ventajosa, sonríen y ríen y descansan y esperan. En las pinturas hay una relación íntima entre el contenido y la superficie. Entre pestañas muy maquilladas y óleo negro cuervo, entre chorritos de aguarrás y lágrimas de desesperación.

Alguien ha elegido una inesperada, fotogénica sombra de lápiz de labios. Y un ostentoso color de vestido se vuelve la revelación de algo.

Se ha dicho que los nuestros son tiempos de modernidad líquida. La vida es fragmentada y no descrita. La superficie dicta el orden. Miramos representaciones de gente y queremos poseer y ser esas imágenes. Las imágenes, autosuficientes y devotas de la historia, crecen y emergen. A veces parece como si nuestras memorias y sueños acerca de la vida les siguieran la corriente, dando a la realidad de las imágenes otro giro, cogiéndolas, editándolas, sumando o sustrayendo. Una y otra vez

Quizás es acerca de esto que las pinturas de Anna Bjerger hablan: de que tenemos que ser visibles y de que esto sólo es posible, determinado por la cámara. La gente que puebla sus imágenes existe porque alguna vez fue fotografiada. La presencia de la cámara es cuidadosamente ocultada por el claroscuro, las pinceladas y la materia pictórica. Pero revela algo: una expresión, una pose, una mirada.

La luz del sol como oro blanco en el aire de una habitación. Escenarios naturales a la manera de un folleto de turista temprano. La luz de la luna en el follaje que, como resultado de su intenso verde, se convierte en el punto más algo de la tarde y de la fiesta. Movimiento. Amor. ¿Cuáles imágenes no son afectadas por la fotografía? No existen tales imágenes.”

La exposición “Humo y espejos”, será inaugurada el viernes 27 de mayo a las ocho de la noche en e, ex convento de Capuchinas.

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