Perdón para mi barrio

 

Perdón para mi barrio

En Querétaro, como en toda ciudad que se proclama conservadora, se mira con suspicacia y hasta con prejuicio a un actor que sube al escenario personificando a una monja. ¿De qué forma ofenderá este hombre atrevido el sustento ideológico, sagrado, casto, de una orden religiosa? Los prejuicios traen consigo injustas condenas. La personificación de Bernardo Lira, al construir el papel de Sor María José Almuneda Macarena del Pilar y Covadonga, en el monólogo teatral “Perdón para mi barrio”, nunca desborda el perfil de la representación humorística y es consecuente como espectáculo apto para todo público, incluso para religiosos y religiosas de pensamiento liberal. “Perdón para mi barrio” se está presentando los viernes y sábados de marzo y abril a las ocho y media de la noche, en el Museo de la Ciudad.

En México, desde hace ya bastantes años es posible parodiar a un militar, a un político, a un deportista, incluso al soberano de la Nación, sin ser consignado a la prisión. Si se es inteligente, es posible poner en la boca de esa caricatura escenificada frases exageradas que como purga íntima y justiciera el público anhela decir/escuchar para con su risa medicinar pasajeramente los agravios cometidos por el personaje satirizado. Sin embargo, caricaturizar a un personaje del clero católico todavía connota irreverencia y ultraje a la investidura del prelado en cuestión, así se trate, por ejemplo, de un abusador como Marcial Maciel, fundador de la ultraconservadora organización Los Legionarios de Cristo. Maciel, protegido de Juan Pablo II, abusó sexualmente de imberbes seminaristas y tuvo tres hijos con dos mujeres, una fichita, pero todavía hoy es “delicado” caricaturizarlo.

En esta atmósfera conservadora, donde no se acepta dialogar ni ceder a puntos de vista razonables, la obra teatral “Perdón para mi barrio”, se coloca fuera de las preferencias de recreación de un importante sector del público queretano.

La Madre Jose hace una oportuna reflexión de un par de temas que impactan desde siempre  a nuestra sociedad y en donde sobresale como grave la falta de información sexual a jóvenes. Si nos atenemos a estadísticas y datos duros, encontramos que México es un país en donde el asunto de la sexualidad está mal manejado por las autoridades responsables, propiciando con este error una serie de conductas de consecuencias nefastas. El uso del condón, el debate del aborto, la crueldad del celibato, son revisados en la obra, superficialmente si se quiere, pero forman parte del texto que por su franqueza alguien podría tomarlo como  producto del cinismo, cuando su objetivo es la búsqueda del humanismo.

La Madre José, lectora asidua de Efraín Huerta, encuentra en los poemarios del “gran cocodrilo”, frases de aguda certeza sobre el tabú sexual que tan desinhibidamente atacó el poeta guanajuatense. Dichos fragmentos ilustran muy gráficamente la razón de ser de esta monja “sui géneris”.

Un minimalismo escénico bien diseñado, fruto tal vez de la economía de medios, es el ámbito donde la monja desarrolla su discurso. La dirección de Uriel Bravo, matiza el texto escrito por Bernardo Lira quien además da vida a la recerenda con su ya probada capacidad actoral que sumada ahora a su solvencia como dramaturgo (sin considerar sus altas aptitudes como artista plástico) colocan a Lira como uno de nuestros jóvenes talentos queretanos.

“Perdón para mi barrio” se basa en la riqueza de la iconografía que un hábito monjil representa, sumado a esto están las particularidades del lenguaje “españolizado” que da gracia al trabajo.

Pero es en el contenido donde radica la trascendencia del texto que atiende a nuestro accidentado contexto social y donde la monja predica intentando solucionar la presencia silenciosa de esta problemática. Esta interesante fórmula se basa en revertir la iconografía y la orientación de la prédica, tradicionalmente sumisa y conformista, hacia una prédica reflexiva y humanista. Su cruzada es trabajar contra las ideas establecidas, hacer propaganda por un mundo mejor aprovechando su situación de guía espiritual, que mientras otros la usan para predicar la resignación ella la usa para incentivar la conciencia. El asunto es invertir el sentido del discurso respetando sus leyes, o parte de ellas. Para la Madre María José Almuneda Macarena del Pilar y Covadonga, la salud del pueblo es preferible a las palaciegas salas del Vaticano enriquecido por una feligresía enajenada.

Comments are closed.