Ciclo de cine de Theo Angelopoulos

Theo Angelopoulos o el fracaso de la historia

  • DVD en el Museo de la Ciudad

 

Theodoros  Angelopoulos, director de cine griego, nació en Atenas el 17 de Abril de 1935, hijo de un pequeño comerciante, estudió Derecho en su ciudad natal y después del servicio militar, se trasladó a París para estudiar con el antropólogo Claude Lévi-Strauss en la Universidad de la Sorbona. Realizó muchos y variados trabajos, y así entró en contacto con el cine. Una selección de su obra cinematográfica será mostrada  en formato DVD en el Museo de la Ciudad, con el apoyo del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

El programa inicia el martes 7 de diciembre con “Reconstrucción” 1970 (Anaparastasi). Continúa el 14  con “Días del ’36”  1972 (Merestov ’36). Por periodo navideño, el ciclo continuará hasta el martes 4 de enero con su película más marxista: “El viaje de los comediantes” 1975 (O thiassos). El 11 será proyectada la cinta “Los cazadores” 1977 (I Kynigi). El martes 18 de enero verán ustedes el relevante filme “Alejandro el grande” 1980 (Megalexandros). El ciclo cierra el martes 25 de enero del 2011 con “Viaje a Citerea” 1983 (Taxidi sta Kythira). Todas las funciones serán a las ocho de la noche en el ex convento de Capuchinas.

Theodoros Angelopoulos es un ente de la revolución que en los años sesenta del siglo XX intentó cambiar el mundo. Cuando volvió a Grecia en 1964, trabajó como crítico cinematográfico para el periódico de izquierda “Dimokratiki Allaghi” hasta su cierre en 1967. Después de fracasar en su intento de rodar un corto sobre un grupo de músicos pop, en 1968 consiguió realizar uno de 23 minutos, “Ekpombi”, nunca exhibido fuera de Grecia, en el que ya se vislumbraba el estilo del autor: utilización de tiempos muertos, de planos secuencia y alteración del eje cronológico, con dilataciones del ritmo espacio-temporal. Con “Días del 36” (1972), primera parte de una trilogía que continuó con “El viaje de los comediantes” (1975), considerada su obra maestra, y “Los cazadores” (1977), Angelopoulos comenzó una reflexión crítica sobre la historia contemporánea de Grecia, concretamente sobre el periodo que terminó con la dictadura de los coroneles. Siguió “Alejandro el Grande” (1980), que ganó el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. En 1998 ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes con la película “La eternidad y un día”.

Por ejemplo: “Alejandro el grande” es una historia situada en los albores del siglo XX, en la película convive el tiempo del mito, donde la figura histórica de Alejandro de Macedonia ha sido filtrada por la tradición oral, fijada y ampliada por escrito en el poemo épico “Fillada tou Megalexandros”, retomada como personaje en el teatro de sombras, “Karaguiozis”, y encarnada en los bandoleros que en el imaginario griego tuvieron en vilo a los turcos durante los siglos de su dominio. Todos estos estratos están presentes en el protagonista de la película que toma el aspecto de los “kleftes” (bandidos) de las montañas del siglo XIX, con referencias directas en su vestuario a los héroes de la independencia de 1821. Por el contrario, en el retrato de sus hombres se pierde toda dimensión mítica para presentarlos simplemente como hombres de la montaña, cuyas referencias iconográficas alcanzan hasta los partisanos de la Guerra Civil en la década de 1940.

La palabra fracaso no es una metáfora en la visión de Angelopoulos, es un hecho comprobable por la realidad: “Soy muy pesimista, temo por las nuevas generaciones de cineastas, sobre todo si han elegido, como yo lo he hecho, la vía personal”. El director  enmarca su inquietud por el mañana del cine en un escenario en el que, lamenta, “Hollywood acapara todas las carteleras; no sólo las europeas, sino las del mundo entero”. Recordó el cineasta griego que, antes de la caída del bloque socialista, en los países del Este “se hacía un cine muy importante”, que además era apreciado por los espectadores. “Ahora, en cambio”, deploró, “el público, desgraciadamente, acude en masa a ver películas americanas, mientras que las de Alexander Sokurov, por poner un ejemplo, tienen muy poca asistencia”.

Angelopoulos, que descubrió su vocación por el cine a finales de la década de los sesenta, después de haber abandonado la carrera de abogado y licenciarse en Literatura en París, abundó en que los creadores de su edad y condición, es decir, la de autor, tienen mucha suerte porque todavía pueden filmar con independencia y libertad. “En el futuro”, insistió, “no sé yo si eso va a ser posible”. A lo largo de todos estos años, Angelopoulos ha creado lo que podría llamarse el método Brechtiano de la cinematografía; el constante movimiento de la cámara une el espacio, el tiempo y las distintas acciones; los planos secuencia, la falta de continuidad, la evocación de las acciones “fuera de campo”; el uso poco ortodoxo de la música, las canciones y el silencio crean un extraordinario modelo de composición. Akira Kurosawa se refiere del cine del director griego en lo siguientes términos: “Angelopoulos contempla las cosas con calma a través de la lente. Lo que le da a sus películas la fuerza es el peso de esa calma y la agudeza de su estática contemplación.” Este perfil artístico queda manifiesto en el contraste de sus propias opiniones: “En USA siempre están haciendo la misma película pero con distintos actores.” “El cine de hoy es como un rebaño de ovejas.”

“Estoy de acuerdo en que hay un cine de poesía y un cine de prosa, y luego el cine americano, que no es ni una cosa ni la otra. Una película tiene que ser una propuesta de diálogo, y las películas cerradas, como las que hacen los norteamericanos, son para idiotas.” Sin embargo, estas opiniones nacen de su preocupación por la falta de atención a Europa del Este: “Casi no hay películas que verdaderamente muestren todo lo que está ocurriendo, especialmente en esta parte de Europa…Me gustaría captar parte de la melancolía que hoy sentimos, rodeada de asesinatos aquí y allá y, en general, de catástrofes.” He ahí el pesimismo que inspira la creación artística de Theo Angelopoulos.

El ciclo “El fracaso de la historia”, será proyectado los martes de diciembre y enero, en el ex convento de Capuchinas a las ocho de la noche. Entrada libre.

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